7/26/2009

La Revolución


En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición favorita.
Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario...

Slawomir Mrozek.




7/21/2009

Miron Zownir










Zownir es un fotógrafo de la vida, sí! puede ser un nuevo término atribuible a éste personaje que va más allá de todas las normas y convenciones estéticas, la fotografía de Zownir revela situaciones íntimas y momentos llenos de éxtasis, frenesí, intoxicación, melancolía, pobreza, miseria, ternura y desesperación. El cuerpo humano continuamente aparece como una especie de posesión final, como la cubierta de un alma de autoexposición; inidealizado en su belleza, o fealdad.
Zownir, va captando donde quiera que va con su objetivo, el alma yaciente de indigentes, prostitutas, niños de la calle, pero sobretodo han de tener algo en común: almas inadaptadas, libres del cargo del buen comportamiento social, y es poreso que pesar de encontrarse a menudo con obstáculos como detenciones policiales repetidas y la censura subsecuente acusado de poseer material presuntamente pornográfico, y la experimentación del brutal asalto y la amenaza sobre incontables ocasiones durante sus investigaciones fotográficas, Zownir nunca se conformó con una visión restringida.

Miron Zownir empezó a vivir la fotografía a finales de los años 70 durante los auges del fenómeno del punk, entregando una representación apretada del movimiento y su actitud peculiar hacia la vida en el limbo entre una visión utópica de anarquía y la autodestrucción nihilista. En 1980, emigró a los EE.UU., donde vivió durante los próximos quince años; primero en Nueva York, luego en Los Angeles, y Pitsburgo. En Nueva York, entonces posiblemente la metrópoli líder mundial más fascinante y permisiva, el acercamiento peculiar de Zownir a la cubierta de la locura múltiple acodada cotidiana de la ciudad rápidamente fue reconocida por la escena local y ganada él una reputación como el " Teutonic Phenomenographer "que era algo así como (la Voz de Pueblo).

Durante su larga estancia en Estados Unidos, Zownir trabajó no sólo como fotógrafo, sino que tambien se aventuró en el rodaje, una ambición que él había mantenido desde mediados de los años setenta. Él escribió y dirigió varias películas de cine underground, que principalmente fueron producidas por Chosei Funahara, fundador de la legendaria banda de Punk 'Plasmatics'.

Zownir ha trabajado a lo largo de los últimos años en muchísimos y variopintos proyectos, y en especial en su libro: "The Radical Eye" (la fotografía de Miron Zownir) donde recopila las fotografias de su último trabajo.
Aunque algunos críticos afirmen que Zownir se ha quedado estancado en el mismo punto que Diane Arbús y Weegee, lo cierto es que Zownir responde que la base de su creación artística apuntaría más bien a una cita de la novela "El Castillo" de Kafka:

"Si uno tiene la fuerza para mirar las cosas sin cesar, sin tener que cerrar los ojos, se ve mucho. Pero si uno disminuye el esfuerzo de una sola vez y cierra los ojos, todo desaparece inmediatamente en la oscuridad."

Mirar con detenimiento las fotografias de Miron Zownir me han llevado a asociarlo razonablemente (o no) con William Burroughs, será que es verdad lo que dicen de NY y poreso me llama tanto la atención conocer esa gran urbe?
Quizás si! y sea El lugar fascinante de los Caminos Muertos.
Júzgalo tú mismo!

7/12/2009

El lobo estepario (Fragmento)


[...] El que haya querido los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu, aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya querido aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado [...]

Fragmento de el "El Lobo Estepario" (1920)
(Hermann Hesse)






Eugenio Recuenco









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